Pegar NO es mi solución

En el artículo “Como es adentro es afuera” dejé abiertas varias interrogantes con el objetivo de hacer un viaje hacia nuestro interior y entender desde ahí por qué actuábamos de una manera u otra. Hace días estoy pensando en este tema (no pegar a los hijos) y otra vez aclaro que este blog surgió con la idea de expresar mis experiencias, de compartir el camino de la crianza consciente, donde todos aprendemos de todos. No es mi intención criticar, ni generar conflictos entre padres, y mucho menos confrontar con quien no apoye mi opinión.

Cada cual elige como vivir, y tengo muy claro que cada cual hace lo mejor que puede con la consciencia que tiene. Y eso sí lo exijo si estás aquí, que hagas lo que hagas seas consciente de las repercusiones positivas y negativas que tiene. De modo que no tengas que sentir culpa ni miedo, de forma tal que no te justifiques ni te victimices. Si bien podemos tomar en cuenta cómo fuimos criados, también podemos decidir si queremos replicar o transformar todo lo que sabemos. Hoy solo quiero mostrar que existen otras alternativas.

Hace unos días escribí sobre lo complicado que se tornan las situaciones cuando no son resultado de nuestras expectativas. Y es que es más de lo mismo, buscamos satisfacer ideales a toda costa y realmente lo que hacemos es apresarnos en una conducta que nos hace reaccionar negativamente en relación al comportamiento de los otros.

Creemos que nuestros hijos «deberían» comportarse de un forma determinada sin antes darles herramientas para tal fin, sin ser consecuentes con lo que predicamos.

Sinceramente no tengo recuerdos de haberle pegado a Lucas, pero sí le he gritado, sí lo he obligado a hacer cosas que no quiere y ¿cuál ha sido el resultado? Ver a mi hijo llorando y en ese minuto percibir que me equivoqué, que no quería hacerlo, que eso no es lo que quiero que aprenda. Así que termino mirándolo fijo y pindiéndole que me disculpe, que mamá se descontroló. ¿Qué recibí? Un abrazo de mi hijo y un Te amo mamá. Parecerá mejor, pero fue peor. Entendí que de él aprendo, que tienen más compasión que los mayores y que realmente si yo hubiese estado en calma, mi reacción ante esa situación hubiese sido diferente.

Por fortuna cada día me tomo más tiempo antes de reaccionar, y no significa que Lucas es el niño adulto que no se porta “mal” y que hace todo como quiero, ni que yo sea la madre perfecta que no se sale de control. Sólo que ya aprendí, porque alguien muy sabio me lo enseñó, que a los hijos se les pega por tres razones fundamentales: falta de tiempo, poca paciencia y mucho miedo.

¿Por qué mi hijo actuó del modo cómo lo hizo? 

¿Cómo actué yo durante el episodio? 

¿Qué necesitaba yo de mi hijo en esa situación? 

¿Qué necesitaba mi hijo de mí? 

Pegarles probablemente resuelva a corto plazo el conflicto, y cada cual se ubique en su rol, tú eres el padre autoritario que controla y al que hay que obedecer, pero él estará:

  • Reprimiendo sus emociones
  • Disminuyendo su umbral del dolor, de modo que cada vez tendrás que pegar más duro, porque a él le dolerá menos
  • Aprendiendo a hacer a escondidas las cosas que desea, porque de otro modo recibirá un castigo
  • Aprendiendo que quien le ama puede pegarle, que quien le ama puede hacerlo sentir mal
  • Aprendiendo que está bien pegarle a alguien, si es por su “bien”
  • Lastimando a los que son menores que él
  • Si no quiere que lo lastimen deberá hacer lo que los demás quieren

Y uno de los más peligrosos, está bien que le temas a alguien que amas, porque de eso se trata el “respeto”.

Estoy segura que visto así, muchos se replantearán la necesidad de parar antes de actuar, de tomar un minuto para distinguir lo que queremos que aprendan y de qué queremos nutrirlos. Lo mejor será enseñarlos a gestionar de manera positiva sus emociones, comunicando lo que les sucede y lo que les frustra.

Esperar que los hijos hagan lo que yo digo, más no lo que yo hago es simplemente lanzarlos a actuar de un modo para el cual no les hemos preparado. Pedirle a los hijos que se controlen cuando yo como adulto no me controlo, que gestionen sus emociones cuando yo me desbordo, que entiendan cuando yo no entiendo, que traten a todos por igual cuando yo a le reduzco, que busquen alternativas para canalizar su rabia, cuando yo soy reactiva ante la mía, es una apuesta vacía que poco dará resultado

Como lo veo, la mejor forma de cambiar las conductas poco beneficiosas de nuestros hijos será cambiar nuestras reacciones ante estas situaciones. Si quiero que mi hijo no sea violento, es incongruente usar la violencia para lograrlo. Nuestras acciones necesitan ser consistentes con aquello que predicamos, nuestros mensajes necesitan concordar con aquello que hacemos, solo de ese modo lo que transmitimos cobrará sentido en la experiencia del niño. 

No se trata de una receta, de una teoría, sino de un camino, una ruta, un paso a paso hacia el autoconocimiento y la autogestión. De esta forma entenderás que frases como: «es que si no le pongo control cree que manda», «si no le pego me pegará él «tengo que ponerme fuerte para que recuerde que quien manda soy yo» surgen cuando asumimos que somos la «autoridad» en el hogar y en la relación con los hijos. Realmente la sensación de falta de control nos descontrola, el miedo, el poco respeto por parte de los otros, poca consideración. Nos llevan a experimentar la necesidad de reafirmación y surgen entonces las luchas de poder que terminan siempre en un niño herido y una conexión entre padres e hijos fragmentada.

La próxima vez que vivas una situación de este tipo recuerda lo que leíste, y aunque pienses que mis métodos no sirven de nada, que a ti probablemente te criaron así y “no tienes ningún problema” mínimo, antes de tirar por la borda todo lo que hemos aprendido, te pido llevar a cabo estas acciones:

  1. Piensa que son tus pensamientos, son tus expectativas, son tus creencias, la necesidad de control, tus luchas, tus heridas, no es tu hijo, no es su conducta, no es la situación.
  2. Estás enojado, sobrecargado, estresado…respira profunda y lentamente.
  3. Si reaccionas de manera violenta, ¿estarás logrando las metas a largo plazo?
  4. Detente, escucha y busca las causas del comportamiento de tus hijos.
  5. Toma una pausa, si sientes que estás a punto de perder el control, date un tiempo fuera.
  6. Sé firme pero amorosa, da instrucciones claras, manteniendo la calma
  7. Habla con él, siéntate de tal manera que estés a su mismo nivel. Míralo a los ojos, pero de forma tranquila, no amenazadora. Escucha sus respuestas.
  8. Dale opciones.

Por ejemplo: si tu hijo tiene dificultad para hacer la tarea, y tú observas que está muy cansado, pregúntale si le gustaría tomar un descanso, salir a jugar un rato y después regresar a hacer la tarea o si prefiere apurarse a terminar la tarea ahora para poder salir a jugar más pronto. Su agradecimiento será tanto que sabrás enseguida que lo estás haciendo de la forma correcta.

Recuerda que los golpes producen un dolor físico y un dolor emocional. El dolor físico dura unos minutos pero el dolor emocional, toda la vida. ¿Te estoy manipulando? Sí, quizás un poco pero quiero que llenemos la vida de nuestros hijos de tanto amor que cuando sean padres y eduquen a sus hijos no tengan ganas de cambiar nada de lo que aprendieron con nosotros.

Amar es el milagro.

6 respuestas a “Pegar NO es mi solución”

  1. Ay amiga no sabes cómo me conmueve este artículo en particular. Crecí con una madre soltera que no tenía tiempo ni para ella, imagínate para mi. Fui una «niña adulta» desde que tengo memoria, casi no jugaba porque lo que en casa me enseñaron fue que debía ser siempre correcta, siempre formal, siempre perfecta en mi comportamiento, sino ya sabía lo que me tocaba. No se si alguien imagina cuan duro es para un niño no saber nunca si está a la altura de las espectativas de sus mayores, es la base para la baja autoestima, la victimización, rencores, rabia, dolor, en fin, sentimientos difíciles de superar y curar, porque se arraigan en el corazón, porque puede que no sepas cómo vivir diferente. Estas actitudes, en mi experiencia, llevan por caminos dolorosos siempre: uno en el que cedes a la presión y renuncias tu personalidad para cumplir con los designios que te han impuestos y te desgastas, pierdes tu esencia, te vas consumiendo por dentro y luego no sabemos de donde salen las enfermedades crónicas a temprana edad, de reprimirnos claro. Otro que se da cuando decides dejar de seguir órdenes, romper con lo obligado, decides ser tú misma, pero esto implica entonces enfrentarte, disgustarte, alejarte porque no se acepta tu actitud no servil e insumisa, pero es tu familia, aunque debes tomar decisiones duras. Hay que bregar mucho para superar y curarse, ser resiliente, y tener muchísima fortaleza de espíritu para sanar las heridas que, te aseguro, no sellarán del todo. La niñez es, nadie lo dude, la etapa que más trascenderá en la vida de nuestros pequeños, coincido contigo en que todo esfuerzo es poco para mostrarles y demostrables amor, comprensión. Que sepan que nos hacen felices y que, como dices, no quieran cambiar nada cuando les toque el rol que desempeñamos nosotros ahora. Tal vez me salí un poco del tema pero pienso que la violencia física es al recurso que casi todos los padres acuden cuando quieren imponer una actitud. Me mantengo atenta siempre a tus artículos. Te quiero nena.

  2. Me encanta. Siento que aprendo mucho de ti y de tus experiencias y aunque sólo tengo un cactus bajo mi responsabilidad me guardo cada consejo para cuando llegue mi momento de educar y cuidar de los sobrinos. Estoy requeteorgullosisima de la mama de Lucas. Loviuuu

    • Me hace tanta ilusión saber que aunque aún no eres mami ya vas guardando experiencias!!! Así llegarás con ventajas! Te quiero oooo

  3. Gracias, gracias, gracias y no me cansaré de agradecerte por cada frase o palabra que llega hasta lo más profundo de mi alma aun sin ser padre. Aprendo de ti como si fuese un niño que apenas entra a la escuela y siempre me voy con más de lo que esperaba. Mi Mega Crack -Felicidades-

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