Mi abuelo es luz

Hace unos días, viendo fotos familiares de hace muchos años, encontré una que me robó un suspiro. Era una foto con mi abuelo. Y aunque repito mucho que las fechas no son importantes, y juro que lo hago para que aprendamos a amar más días en el año, hoy cuando mi teléfono dio las 12, por mi mente pasaron muchos recuerdos.

Mamá debe estar muy triste. Desde acá lo siento.

Esta historia es un poco larga. Han pasado más de 10 años desde que mi abuelo se puso grave por primera vez. Mi mamá y mi tío se volvieron como locos, la familia entera en función, yo quise dejar la carrera para regresar a Camagüey y estar con los míos. Pero ese viejo era un tronco, y no era ahí cuando le tocaba. Cada 24 de julio nos reuníamos en El Entronque, y hacíamos fiesta como si fuera 31 de diciembre, era nuestra forma de celebrar que aquel guajiro se había robado un año más de vida. Llegó el momento, incluso, en el que hacíamos un chiste interno, diciéndole que dejara ¨el descaro¨ que los animales para su banquete, no daban más. Pero ya hoy, aunque quise contentarme con eso, no me dio tanta gracia.

Así que pensé en aquel texto que me dio fuerza, y que al escribir sentí paz. Quiero entonces compartir, con la certeza absoluta de que somos almas y no cuerpos, esas palabras que escupí en el cementerio, el 9 de octubre de 2019. El día con más suerte que tuvo la insolente Señora Muerte:

¨Llorar siempre es bueno cuando tienes ganas, cuando lloras para desahogarte, para liberarte. Cuando lloras por pensar en el pasado, cuando lloras porque no sabes qué hacer con el presente.

Lloramos cuando supimos que estaba con gravedad irreversible, lloramos cuando se despidió y cuando regresamos a casa, una y otra vez. La mente entiende “esto” como una situación de tristeza y dolor pero, la espiritualidad, la eternidad del ser, la creencia en la no-separación te permite sentir presencia, aunque tus ojos no puedan verle.

Hay dos maneras de verlo, le explicaba a mi mamá y a mi tío, desde el dolor o desde la gratitud.

Por más que pienso no tengo recuerdos tristes de mi abuelo. Algunos regaños por traer shorts cortos o por comer viendo la tv y no en la mesa, “como debía ser”. Mi abuelo fue analfabeto, con otros 13 hermanos que debían sacar arena de un río desde los 9 años para ayudar a su familia. Mi abuelo, apenas, sabía escribir su nombre y nos enseñó las cosas más importantes de la vida. Mi abuelo se levantaba en firme cuando escuchaba el himno, aún si era en un acto televisivo. Mi abuelo respondía al mensaje de “Buenas noches” en el Noticiero, y cada noche, de cuarto a cuarto se despedía: ¨Hasta mañana, que duerman bien y nunca les pase nada¨, ¨Igualmente, gracias¨- teníamos que responder. Veía Palmas y Cañas cada domingo, y de él aprendí la Guantanamera, Quiero un sombrero y El Negrito del Batey.

Mi abuelo construyó la casa donde hemos nacido todos, donde hemos vivido todos, donde regresamos todos. Levantó un “ranchito” al lado de un río y ahí pasamos los momentos más felices, hasta allá nos íbamos a cuidar las siembras, tenía piso de tierra, techo de guano, nuestro baño era en el río, y cuando lavábamos tendíamos encima de las matas de marabú.

Mi abuelo me hizo mi primer azadón para que lo ayudara a limpiar el jardín y con él sembré mi primera mata de mandarina. Mi abuelo me guardaba las mejores guayabas. Mi abuelo año tras año nos alimentó a todos, y abonó con tanto amor la tierra que, aún hoy, disfrutamos.

Robert Lanza dice, que cuando morimos nuestra vida no se acaba, sino que se convierte en una flor perenne que vuelve a florecer en alguno de los múltiples universos posibles…

Pilar Sordo dice, que llorar a un ser querido, más que por sufrimiento por esa persona, es por egoísmo propio de no saber cómo viviremos nosotros sin ellos…

Curro Aguilar dice, que lo que nos hace sufrir es pensar que esa persona ha muerto, pero realmente lo que nos ataca es saber lo que nos falta a nosotros, los que nos quedamos aquí…

Yo digo entonces…

¿Qué cambia en nuestras vidas el hecho de que abuelo no esté?

No podremos verlo, no podremos besarlo, no podrá cantarnos…entonces, ¿el sufrimiento es por nosotros o por él?

Quiero recordarlo como el ser amoroso que es. Como el pilar de mi familia hermosa. Él y mi abuela, las razones por las que siempre estamos unidos, aunque las circunstancias a veces se empeñen y busquen lo contrario. Lo veremos renacer en una planta, en un animal, en el aire, a nuestro lado, al lado de nuestros hijos, mi abuelo está aquí, está conmigo, con nosotros. Hoy y ahora, que es el instante santo que poseemos y el único que tenemos.

Lo que estamos haciendo aquí no debe ser por sufrimiento, ES POR AMOR. Estamos devolviendo a la fuente, al Universo, a Dios… toda la generosidad que él nos dio, estamos agradeciendo por cada momento, por cada lección aprendida, por cada día que hemos sido dichosos de tenerlo.

Mi abuelo es luz. Por eso pido, en nombre de toda la felicidad que le debemos que lo dejemos descansar en paz. ¨

Amén.

4 respuestas a “Mi abuelo es luz”

  1. Lo adoré 👌👏🤗 como aquel día de la publicación en las redes. Triste y lindo … solo tú mi niña. Sólo tú ❤❤❤❤

  2. Que lindas palabras , todas saliendo de un corazón que sólo tiene amor por su familia! Gracias por escribir tan lindo, un abrazo!😭🙏🙏🙏🙏🙏

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